antonioduarte

puse la mano en la ventana del bus y me fui mirando mi huella digital hasta santiago

lo vieron irse un día cualquiera.

-eran las 3- dice  C

-no, eran las 5- dice B- fue por cigarrillos, en la esquina de esa cuadra, frente al reloj, dentro de su cabeza.

me cuentan esto mientras veo el palpitar de sus venas, justo arriba de sus 4 ojos, evidencia absoluta de que están mintiendo

Una violación sin asesinato no es violación. La violación debe ser digna, ahorrar el trauma posterior, y para eso basta un cuchillo en la garganta, unas manos buenas para estrangular y listo, dijo el tipo de boina, curado hasta el límite, balbuceando casi, mientras nosotros lo mirábamos parlotear como si fuera el personaje de una película y estaba lo suficientemente borracho como para mentir totalmente, por lo que luego, siempre que lo veíamos en la calle, decíamos: ahí viene el violeta, el asesino serial, y pensábamos, rogábamos a alguna especie de dios marginal que nuestras amigas no se cruzaran solas con él. La M que era frágil como un pájaro o la B complemente exagerada ante situaciones mínimas. La primera vez que lo vimos fue ese sábado en la casa de cerro Merced, donde llegamos como paracaidistas. Ese mismo día D se fue sólo por las calles y en un callejón oscuro y sin salida conoció a T, quien estaba ebria, con la ropa manchada de vómito. A los 3 meses ya le había sacado el corazón a D, lo había puesto sobre una parrilla y se lo había engullido, olvidándolo al instante. Como suele ocurrir. Valparaíso, dice Raúl Cabrera, es siempre una jungla donde todos los animales salvajes se devoran los unos a los otros y luego se escupen, y todo esto ocurre por azar.

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